martes, 24 de junio de 2008
Les coses de Nachín de Llanes (y 4)
martes, 17 de junio de 2008
HOY, EN CAMBIO, ME SIENTO MÁS CUÁNTICO.

lunes, 16 de junio de 2008
LA FÍSICA CUÁNTICA Y LA MADRE QUE LA PARIÓ.

Probablemente hoy no esté muy receptivo, tengo mis motivos, pero el documental no me ha gustado casi nada. En honor a la verdad no lo he terminado de ver y no sé si lo haré.
Respecto al contenido, me ha parecido un bombardeo, demasiado rápido, de ideas casi metafísicas y filosóficas. De conceptos arduos de tragar y, muchas veces, difíciles de entender a la velocidad que te los van administrando. Comparto el concepto de la realidad, la materia y las emociones. Sin embargo el concepto básico de la coexistencia de las posibilidades, no lo alcanzo a entender o a asumir. Me parece que necesito varias jornadas de reflexión. Hubiera sido más didáctica una exposición más pausada, con más argumentos, demostraciones y ejemplos. Sólo una de las entrevistadas me parecía buena docente. Los demás, pelín confusos. Es lo que tiene la sabiduría.
Pero lo que me menos me ha gustado es la historia paralela que ilustra (fatal) los contenidos. Me ha parecido hortera, cursi, horrorosa y exasperante. Muy propia de las producciones baratas de Europa central (aunque supongo que será made in Usa).
Lo dicho: un ladrillo en tol morro. Al menos eso me lo ha parecido hoy.
viernes, 13 de junio de 2008
Les coses de Nachín de Llanes (3)

El médico es un cachondo: alto, regordete, con bigote y unos cincuenta y muchos años. Una vez en su consulta estaba chupando con deleite una piruleta de fresa. Me pidió disculpas y se justificó diciendo que era diabético y se encontraba un poco bajo de azucar.
- ¿Qué tal? -me dijo asomando la cabeza por encima del arco separador.
- Bueno... -le contesté-. Aquí...
Pidió que le subieran la camilla y durante unos segundos se hizo el silencio. Yo mosqueado miré el monitor.
- Dáme luz -pidió a alguna enfermera.
De pronto se encendió la tele y ví una especie de cosa blanca rodeada de un líquido espeso y transparente que se mecía en calma. Flotando en ella se veían pequeñas partículas a modo de placton.
¡Hostias! el fondo del mar -pensé.
Por una esquina apareció una especie de hierro plateado, con la punta doblada en ángulo recto hacia abajo. Parecía el brazo mecánico de una grúa.
- ¿Ya estámos dentro? -pregunté en argot médico como si no fuera conmigo la cosa.
- Sí -me repondió el doctor.
- Pues no me he enterado.
Era alucinante, estaba viendo mis entretelas y el gancho hurgar y clavarse en ellas. No había nada de sangre, sólo el líquido senovial y el plácton.
El doctor movía el gancho por entre masas blancas, inspeccionando cuevas y tanteando paredes con la textura aparente de un albornoz algo deshilachado.
- Los meniscos están bien, los ligamentos también -recitaba distraidamente.
- ¿Y la osteonecrósis que salió en la resonancia? -pregunté en un eco.
- No se ve, está cubierta.
- Vaya por dios -me dije para adentro.
- Mira, está por aquí, es muy pequeña, ¿la ves?
- Sssi -mentí.
- La rótula está bien...
De repente se apaga la tele.
- Artrósis -sentencia el galeno.
- ¿Y el menisco? -pregunto perplejo- ¿Ya me lo habéis quitado?
- No, lo tienes mejor que yo. ¿Cuántos años tienes?
- El mes que viene cumplo cincuenta y dos -le contesto entre sorprendido y absurdo.
- Eres un crío.
- Ah, pues qué bien -digo por lo bajini.
Siento que me vuelven a levantar la pierna, me liberan de no se qué y empiezan a cubrírmela con algo. Qué jodidos, ya me han cosido y todo.
Me quitan el aro que servía de mampara e, incorporandome un poco, alcanzo a ver mi pierna ya vendada y mi pié totalmente dorado por el yodo o como se llame.
- ¿Entonces qué tengo? -pregunto con cara de idiota.
- Artrósis -vuelve a decir el médico categóricamente-. Por lo demás, la rodilla la tienes muy bien. Luego te explico.
Y se marcha tan campante.
Reflexioné: o sea que me han operado para quitarme el dolor de rodilla y la cojera que arrastro desde hace ocho meses y nada, artrósis. O sea que después de veinticinco años jugando al futbol, por fin me operan del menisco como a todo el mundo y nada, artrósis. ¡La madre que me parió!
Aún seguía con cara de gilipollas dándole vueltas al tema, cuando casi sin enterarme meten una cama al quirófano, me ladean, me ponen una especie de rampa por debajo de todo mi costado y me deslizan suavemente en la cama.
¡Artrósis! -mascullé enfadado mientras salíamos del quirófano.
(Continuará)
jueves, 12 de junio de 2008
Les coses de Nachín de Llanes (2)
Eran las ocho y veinte. Entré al quirófano andando como un torero. No era muy bonito: tenía algún que otro desconchado y el suelo no brillaba como una patena, pero se veía limpio (sólo faltaba).
Me subí con alguna torpeza a la diminuta camilla y enseguida me empezaron a rodear tres enfermeras con la mascarilla puesta.
Una me preguntó a ver cuál era la pierna a operar y yo, marcando mucho el gesto para que no hubiera dudas, le señalé la izquierda (ahora ya sabeis de qué pié cojeo), me dibujó una enorme y tosca cruz verde y se fue a por la maquinilla de afeitar: una Gillete desechable, ¡qué poco profesional! -pensé.
Mientras, la segunda enfermera me ponía, el tensiómetro, el suero, las plaquitas del electro y el dedal del pulso.
La que yo creí que era la tercera enfermera se me presentó como anestesista.
- Por favor, haga bien su trabajo -le supliqué con una sonrisa traviesa.
- Por supuesto -me contestó riendo.
- ¿Cuándo me ponga la anestesia no podré mover los pies, verdad?
- No, claro.
- Es por si con esta música de fondo me da por llevar el ritmo.
- No se preocupe -volvió a reir.
Me relajé y les dejé hacer.
- No sé si empezar ya - se preguntaba la anestesista.
- Todavía no ha llegado el doctor -contestó la barbera-, voy a llamarle.
- Estará en un atasco... chof..chof (pinceladas de yodo) -terció la de los aparatos.
- Ya está aparcando -volvió la primera.
- Entonces empiezo -decidió la anestesista- ¡Siéntese!
La barbera, que era la más veterana, me cogió por los hombros con fuerza y me giró la cabeza con maestría hacia un lado.
- Esto si que es una buena llave de lucha libre -alcancé a balbucear.
Las tres rieron.
La inyección entró en la medula sin prisa pero sin pausa. Me dolió un poquitín.
Me ayudaron a tumbarme y empecé a notar una fuerte presión en mi brazo izquierdo: el tensiómetro que ya estaba trabajando. No sabía que se hinchaban automáticamente. Espero que no falle -pensé-, no sea que me estalle el brazo y lo ponga todo perdido.
Miré hacia mi izquierda y vi un monitor: 75 pulsaciones y 12/8 de tensión. Bien.
La anestesista me dice que a través del suero me va a poner un sedante que me atontará un poco. Ya empiezo a notar los pies dormidos. ¿Si me hago una cruz con saliva en la pierna se me despertarán? Rehuso a hacer el comentario en voz alta porque adivino que no voy a poder articular las palabras. Es el sedante ¡Mierda! ¿No voy a poder hablar durante la intervención?
A estas alturas, ya estoy dormido de medio cuerpo para abajo. Intento mover los pies pero no puedo. Es una sensación curiosa y algo angustiante. ¿Sentirán lo mismo los tetrapléjicos?
Noto que me levantan la pierna y me la rodean y sujetan con algo que no alcanzo a ver.
Luego me colocan un aro de hierro recubierto de cinta negra, para colocar después una sábana verde. Ya no veo nada.
- ¿No voy a poder ver cómo me operais? -protesto debilmente.
- No es para que no veas, es para separar la zona estéril de la no estéril -responde la veterana, señalando bien las dos zonas.
Qué chorrada -pienso-, a mí me la van a dar...
- Puedes seguir la operación a través de este monitor.
Y me acerca a la izquierda una tele apagada, sin carta de ajuste siquiera. Para verla tengo que levantar y ladear un poco la cabeza. Es incómodo y como no empieza la programación vuelvo a mirar el monitor de mi derecha: 61 pulsaciones y 11/7 ¡Joder con el sedante!
Apagan la música ambiental a la que apenas presté atención.
- Buenos días -dice el doctor al entrar.
(Continuará)
Les coses de Nachín de Llanes (1)

Míra tú que ayer a las ocho de la mañana ya estaba frente a la soñolienta y seca recepcionista,
recién duchado-afeitado y estrenando gallumbos y camisa.
- Buenos días, que me vengo a operar.
- Déme sus datos y espere allí a que le llamen.
- Voy a salir a echar un pitu -le dije a Lur- avísame si llaman.
Y nada, dos caladinas y veo a Lur corriendo hacia mi, haciéndome señas. Un celador de blanco y p'al ascensor.
Paramos en el tercero y nos llevan a una salita de espera.
- Buenos días -les dije en tono solidariamente corporativo. Éramos tres hombres con un acompañante cada uno.
Me repanchingué en una silla incómoda y casi al momento se oyó:
- ¿Nachín de Llanes?
- Voy
a mi espalda escuché una semi queja:
- Jodé, llega el último y le llaman el primero.
Pensé que eso era una suerte relativa, pero me alegré.
Me llevan a una especie de vestuario, me dan la llave de una taquilla y me explican que tengo que quitármelo todo menos los calzoncillos. La amable enfermera me dice que me ponga una bata verde y unas calzas del mismo color.
Me desnudo, me pongo las calzas y me vuelvo loco para ponerme la especie de bata. ¿Lo abierto p' atrás o p'alante? ¿le doy una vuelta al cinto o me lo ato a la espalda? ¿hago una lazada o un doble nudo?
Luego vino lo de guardar la ropa en la taquilla. Doblo el pantalón en la única percha que había y empieza a caerme toda la calderilla por el suelo. ¡Hála, a tomal pol culo la pandereta! Me la guardo en el bolsillo de la camisa y entonces me caé la cartera del bolsillo trasero del pantalón. -¿Pero esto qué ye? ¡mecagonsusmuertos!
Ya por fin cierro la taquilla y me asomo a la ventana a esperar a la enfermera. Aunque la mañana está muy gris y cae un fino orbayu, la vista es preciosa: ¡El cementerio de Polloe!
- Cojonudo -digo en voz baja.
- ¡Hale, vámos! -dice la enfermera, que acaba de abrir la puerta.
(Continuará).
sábado, 7 de junio de 2008
¿POR QUÉ EL TIEMPO VA DISCURRIENDO MÁS DEPRISA?

martes, 3 de junio de 2008
"Marilurdes"
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